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Bogotá, septiembre 4 de 2019

“Otra lógica para salvar la amazonía”

Por: Marcelo Figueroa

04 de Septiembre 2019
“Otra lógica para salvar la amazonía”
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Las enseñanzas a seguir de los pueblos indígenas

La mirada de un referente panamazónico de la ecología integral como la de Alirio Cáceres Aguirre resulta sumamente enriquecedora en este camino sinodal. Cáceres Aguirre es Diácono Permanente de la Arquidiócesis de Bogotá. Su calidad académica como ecoteólogo, gestor ambiental, ingeniero químico especialista en educación y Magister en Teología, hacen que sus opiniones sean muy calificadas. Además, su compromiso con la Iglesia y la misión inculturada en esa región enriquece desde las bases sus aportes. Alirio participa activamente en el programa de Ecología Integral de Cáritas de América Latina y el Caribe y es además Animador Miembro del Movimiento Católico Mundial por el Clima (MCMC). Compartimos en el presente el diálogo mantenido con Alirio Cáceres Aguirre con el L´Osservatore Romano:

 

En el capítulo dedicado a la Ecología Integral, el Instrumentum Laboris presenta algunas sugerencias y consultas. ¿Cómo respondería la siguiente pregunta incluida en ese apartado?: “¿Cómo recuperar el territorio amazónico, rescatarlo de la degradación neocolonialista y devolverle su sano y auténtico bienestar?”

Hay una cuestión crucial en esta pregunta que se refiere a la propiedad de la tierra en el bioma amazónico, incluyendo el suelo y el subsuelo. La disputa por la tenencia de la tierra tiene que estar ligada a la función social y ambiental de la misma. Es decir, los estados, gobiernos de turno y las sociedades deben garantizar que quien reclame la propiedad de la tierra, a la vez se comprometa a hacer un uso adecuado. La Amazonía, al igual que los bosques húmedos tropicales del “cinturón verde” ubicados sobre la línea del Ecuador (Congo, Indonesia e incluso, Mesoamérica) representan el sustento de la vida planetaria para enfrentar el cambio climático. Una tercera parte de los gases de efecto invernadero son capturados por estas “masas boscosas”. En este sentido, la propiedad (pública o privada) tiene una relevante hipoteca social, ya que estamos hablando de un patrimonio de la humanidad. Por tanto, el Estado, las comunidades de pueblos originarios y colonos campesinos mestizos, las grandes empresas y los terratenientes, las ONG y organizaciones de la sociedad civil, deben asumir responsablemente el uso de la Amazonía y hacer un pacto enmarcado en la cultura del cuidado que plantea Laudato si´.

A la vez, las sociedades, empresas y gobiernos que no están ubicados geográficamente en la Amazonía, deben comprometerse a controlar su incidencia negativa en estos delicados ecosistemas, pues la presión destructora sobre el bioma se debe al afán de alimentar sus mercados. Esto implica que hay que ir a la raíz del paradigma tecno-económico y desmontarlo. Siguiendo el enfoque del famoso video “La Historia de las cosas”, hay que desactivar esa lógica lineal extractivista que descarta personas y elementos de la naturaleza para dar paso a una economía circular, ecológica, solidaria, profética. Una economía de comunión con la Creación.

La mirada desde la ecología integral rescata la noción de territorio que interconecta a los seres humanos entre sí, con su historia, cultura y entorno. Ya existen proyectos de forestería comunitaria, planes de vida basados en círculos de abundancia y prácticas económicas inspiradas en la sabiduría ancestral de indígenas y afrodescendientes. Identificarlos, valorarlos y replicarlos en la escala panamazónica es un paso clave para devolverle el bienestar a la Madre Tierra en comunión con sus hijos e hijas.

 

¿Cuáles son sus reflexiones sobre el aporte de los pueblos originarios en relación a la biodiversidad en el cuidado de un ecosistema integral?

Si los bosques tropicales se han mantenido en pie es porque allí habitan comunidades étnicas milenarias. Sus prácticas ancestrales revelan una cosmovisión que garantiza la sostenibilidad de la vida en la floresta. El paradigma tecnocrático y el relativismo moral fruto del antropocentrismo irresponsable que caracteriza la civilización occidental, está destruyendo la vida del planeta, y en forma especial, esto se hace evidente en los frágiles ecosistemas amazónicos.

Valorar la sabiduría de estos pueblos y aprender de ellos las formas de cuidar la selva es un imperativo ético para promover el buen vivir y convivir en nuestra casa común. Pero la conversión ecológica que plantea el Papa Francisco en Laudato SI va más allá. No solo implica un paso de una cultura del descarte a una cultura del cuidado, sino un nuevo sentido de vida, inspirado en la espiritualidad de San Francisco de Asís, capaz de alabar al Creador, cuidando su obra creada, sin separar la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

Así que no basta un imprescindible diálogo entre una ecología ambiental, económica, social, cultural y de la vida cotidiana con los principios éticos del bien común y la justicia entre las generaciones. Se trata de adoptar un nuevo estilo de vida, sobrio y feliz, con inteligencia territorial y responsabilidad comunitaria. En esto, nuestros hermanos y hermanas de los pueblos originarios son maestros, nos interpelan frente al consumismo exacerbado y nos señalan otros criterios para alcanzar una vida buena y sana basada en abundancia, reciprocidad y experiencia cotidiana de lo sagrado. De ahí que “amazonizar la Iglesia” sea una vía para “laudatosificar la sociedad”

¿De qué manera, la cultura y cosmovisión espiritual de los pueblos aborígenes latinoamericanos puede enriquecer la mirada católica en el camino sinodal?

Es importante diferenciar diversos procesos en los pueblos amazónicos: a) Algunos están aislados voluntariamente y no desean mayor contacto con nuestra civilización. Una actitud solidaria a su posición, respetuosa de la diferencia y servicial respecto al cuidado del bioma, enriquece nuestra contemplación de la presencia de Dios en la biodiversidad. b) Hay pueblos que rechazan tajantemente cualquier intervención de la Iglesia en razón a un pasado doloroso de exterminio fundamentado en una evangelización que estuvo ligada a la colonización. Reconocer humildemente los errores que como Iglesia cometimos, aprender de nuestros mártires y pioneros de la inculturación, y buscar una reconciliación sin mayores pretensiones que la de intentar una sana convivencia en un territorio común, también conduce a encarnar rasgos del Maestro Jesús en el contexto panamazónico c) Hay pueblos que ven a la Iglesia Católica como una aliada para defender sus derechos y los de la Madre Tierra, pero no están interesados en bautizarse y asumir un comportamiento direccionado por la institucionalidad católica. Un trabajo mancomunado con ellos, es signo de tolerancia y unidad.  d) Hay pueblos convertidos al cristianismo promulgado por iglesias evangélicas y neopentecostales, que plantean el desafío de un diálogo y cooperación ecuménica cristiana. e) Hay pueblos que han asumido el Evangelio dentro del Magisterio Católico, incluso con clero nativo y formas litúrgicas enriquecidas con expresiones culturales propias de la Amazonía. Allí es donde una Iglesia autóctona puede madurar y florecer con la inspiración del Espíritu Santo. Aprender a interpretarlos y a dialogar con ellos, es ocasión de síntesis teológica y práctica coherente como discípulos misioneros de Cristo Jesús, lo que nos lleva a ser custodios de la Creación de la cual somos arte y parte.

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